Voces de la callada memoria.
martes, 3 de junio de 2014
VOCES DE LA CALLADA MEMORIA.
(Versión de Dámaris Villatoro)
javascript:void(0);
Argumento
CAPÍTULO I Y II
Según recuerdo, fue en verano, cuando en compañía de mi madre realizamos el viaje a donde se encontraba mi hermana María, no solo íbamos a visitarla si no que yo me iba a quedar a ayudarla todo el tiempo que necesitara y alguna parte de mi se sentía feliz, aunque no quería separarme de mi madre.
Al momento en que llegamos a donde vivíaen una aldea de S.A. Huista, en una habitación cerca de la escuela donde ella laboraba, por la situación en el lugar se encontraba, observe que nada había cambiado desde hace años que desde pequeña venia a visitar a mi hermana. Ella había sufrido mucho ya que ya eran dos veces que la trasladaban a diferentes escuelas, además no tenía a su primogénita y esposo junto a ella.
Cuando nos observó llegar, salió de la cocina y al verme no la vi feliz ya que ella esperaba llegar a Elena, mi otra hermana, que es mayor que yo.
María ya le había dicho a mi madre que necesitaba a Elena para que le ayudara. Cuando se acerco le replico a mi madre por no llevar a mi hermana Elena, pero no hizo caso y mientras yo, muy dentro de mi corazón me sentía atroz. Luego no hizo caso de lo que María dijo solo me puse a admirar a la escuela y personas recordando momentos de mi infancia y situaciones precarias que pasamos.
Al momento de observar a todos me di cuenta que la pobreza estaba presente y que todo seguía igual como antes, todos felices no importando las situaciones que tuvieran.
Luego me fui a la habitación de María, ellas platicaban de muchas cosas, deje que siguieran sin interrumpir, pero María me dijo que me acercase a comer, la vi mas tranquila y ya no tenía ningún enojo por que yo la iba a ayudar.
Pasaron días y mi madre ya se tenia que ir a casa a cuidar a mis hermanas, y yo me tenia que quedar, pero muy dentro de mi le pedía que me llevara de regreso, no sucedió lo que yo quería, el ultimo día que ella se iba a quedar, me dijo que seria una buena compañía para María y un gran apoyo. Sus palabras para mi fueron tristes, pero a la vez felices ya que María me necesitaba mas.
CAPÍTULO III
Mi madre partió de La Aldea una madrugada, como estaba previsto, al sentir el aroma del café, la llamé como lo hacía al despertar, pero ella ya no me respondió. Ya viéndome sola con María, desde el amanecer empecé como las plantas silvestres de las grandes alturas montañosas del planeta, las plantas gracias a su química nocturna guardan además de la luz el calor necesario para no morir de frío en su larga noche de invierno. Mientras caminaba por el corredor, en un momento, María me dijo
De hecho me servirá tu compañía, si diario por la mañana, me ayudas a revisar la tarea de los niños, a enseñarles algunos temas y a cuidarlos en el recreo, no es difícil pero eso me cansa y no quiero desatenderlos ni un solo día.
Otra cosa, siguió diciendo María, que vayas al arroyo por las tardes a lavar los pañales de la niña y cuidarla, ¿Qué te parece, te animás? Lo que ahora quiero es ayudarte hermana, y esto que me estás pidiendo no es nada del otro mundo. La nena además es muy tranquila, la puedo cargar con gusto, como lo hacen las mujeres de aquí, mientras lavo sus pañales le seguí diciendo.
En la tarde también saldremos a dar un paseo para saludar a los vecinos, no tardamos en ir a casa del tío Pablo, primo de mi padre que se había quedado perdido por esos lugares y allí había hecho su vida después de vagabundear. La tarde que dispusimos visitarlo, a lo lejos lo divisamos en el patio de su vivienda., mientras nos acercábamos, empecé a impresionarme por la elevada estatura de aquel hombre de elevada estatura de aquel hombre de sombrero ladeado.
Bien decía yo que eran Uds. Cuando vi asomarse los bultos, mis queridas sobrinas nos dijo al recibirnos. Después de los saludos y a sabiendas que si lo visitábamos era para distraernos un poco, el tío empezó a decirnos bromas y refranes que eran el preámbulo para después soltarse a contar historias que más parecían sacadas de la fantasía. Con orgullo como si se hubiera tratado de trofeos, empezó a mostrarnos la gran cantidad de gallinas y unos cuantos gallos de su crianza que se paseaban libres picoteando la hierba en el patio de su casa y sus alrededores. Bastantes ricos de Jacaltenango, pueblo progresista de singular belleza de montañas, valles y planicies y un río de aguas azules, de los más antiguos de Huehuetenango.
Mi verdadero asombro ocurrió cuando empezó a leernos la mano, porque i que entro en una especie de trance. Luego dice que son puras babosadas. En esos días comencé a pensar tenazmente de qué manera mi compañía fuera de algún alivio y distracción para mi hermana, de ayuda a que recuperara su ánimo, su garbo y su sonrisa de antaño. Al ya no ver físicamente a aquel hombre en su lábil pensamiento, se va desvaneciendo el fuego de la pasión y se da cuenta que lo vivido con él, no ha sido más que un pasatiempo una locura de juventud; guarda entonces el secreto en lo más profundo, con un sentimiento de arrepentimiento, confusión culpa y venganza.
CAPÍTULO IV
En una noche fresca que no he olvidado; oigo la voz lenta de mi hermana, veo su rostro pálido y delgado, sus dos trenzas cayéndole hasta la cintura, vestida con sencillez hasta con delantal para parecerse más a las mujeres del pueblo. La nostalgia me dio pedacito por pedacito los recuerdos imaginados o vividos como en un sueño para remendar los agujeros del tejido, en recompensa a las infidelidades del olvido.
Recuerdo que María al iniciar su relato comenzó por comerse con más insistencia las uñas como solía hacerlo. Creo que lo recuerdo todo dijo rompiendo el silencio: como nada, hace ocho años llegue de maestra a Huista cuando apenas empezaba a vivir mi juventud, a veces me parece un siglo.
Fue un día de verano cuando llegue al pueblo, el pueblo sol estaba a medio cielo, entre montada en el Grullo, mi único acompañante en aventuras riesgosas que ha tocado vivir. Antes de llegar a la plaza aceleré el paso del caballo, en el plaza me detuve un momento después lo hice caminar un trecho sobre la calle principal.
Al recordar esto, después de tantos años, reflexiono en el pensamiento desolador que había invadido a mi hermana al pronunciar la palabra Huista como si premonitoriamente hubiera asociado su pensamiento con una de las versiones etimológicas de la lengua Náhuatl. Al llegar a la plaza después de aquel pequeño susto pasé a una sensación de bienestar, bajo la sombra de las ceiba a propósito hubieran abierto más sus ramas para consolarme como en un regazo de madre.
Al narrarme aquellos momentos, María me recordó lo que nuestro padre le decía, que esos árboles son como madres amorosas que existen para que los pueblos sobrevivían a sus catástrofes, que entre sus ramas guardan: alegría, tristezas y sueños de la gente.
¡Ah hermana!, la de la gran memoria sos vos, le interrumpí al recordar tantas cosas hermosas. Yo estaba extasiada continuó María y quise aprovechar aquellas horas que me quedaban para caminar por las calles aledañas a la plaza, mientras llegaba la hora de ser atendida por las autoridades. Ya pasado mucho tiempo de lo dicho por María respecto a la mujer quejumbrosa y lo de la iglesia, y el nazareno, en mi primera visita a aquel pueblo. Me interesé también por visitar al Nazareno y ver qué condiciones guardaba la iglesia a la que encontré, por cierto, mejor atendida y ordenada. Al oír en aquel tiempo lo de las campanas pensé que para imagen tan bella y venerada, la iglesia debía de tener campanas de oro para que al tocarlas, su canto se escuchara hasta los pueblos cercanos o con suerte el eco se multiplicara hasta el infinito. Impusieron imágenes tan impresionantes como la de Jesús Nazareno sostenidas por toda suerte de leyendas como lado de su aparecimiento y milagros para calar la conciencia de los conquistados y borrar hasta lo más profundo toda huella de sus símbolos y dioses ancestrales.
María recordó también haber aprovechado sus primeros momentos en aquel pueblo, para asomarse por encima de los corrales de piedras a las casas cercanas.
CAPÍTULO V
Muchos años después María ante un hecho transcendental, vivido y narrado por los habitantes del lugar de cuando el pueblo tubo que sacudirse en el que lo mantuvo por mucho tiempo, ante acciones de los militares, ocurrido a principios de los años 80s. Cuando el ejército andaba masacrando comunidades enteras principalmente indígenas., bajo el mando de General RiosMonth.
En el año 82s se instaló allí durante ocho meses haciendo pasar a la institución armada por benefactora ante la supuesta amenaza para quienes poseían bienes, terratenientes o dueños de ganado, representaban a los alzados en la guerrilla como saqueadores de lo ajeno.
María con sus hermanas en esos momentos muy conmovedores dejaron de frecuentar el rio del pueblo. Hoy digo con nostalgia que ese rio es como una memoria, porque al volver ahora hace muchos años me recuerda aquellos momentos tan dolorosos que habíamos vivido en aquel tiempo en el que fue atacado el pueblo por el ejército.
En Santa Ana Huista se volvió totalmente diferente, con la guerrilla y se dieron tantas enfermedades que parecieron entre la gente, y más tarde se habían dado cuenta que no solo era paludismo sino todo lo que acercaba a la pobreza, entre los niños principalmente, se dio como la desnutrición, tos ferina, parásitos de toda clase y viruela.
La viruela fue una de las enfermedades que más afecto a la gente de Santa Ana Huista, esto se dio después de aquella masacre por el ejército y la guerrilla.
CAPÍTULO VI
Según Fuente y Guzmán en su Obra Recordación Florida y Bernal Díaz del Castillo en su historia verdadera de la c conquista de la nueva España, cuando llegaron los españoles se quedaron atónitos, entre maravillas, belleza y la grandeza de estas montañas por lo tupidos y aromáticos nuestros bosques, la dulzura de los frutos de la tierra, los venados paseaban tranquilos como nunca habían sido cazados, no veían a los seres humanos como enemigos , a los españoles les impresiono y también la laboriosidad de los nativos.
Los españoles destruyeron sus prácticas y lugares sagrado de los nativos y calificaron como, idolatrías, malos vicios o maldades, en esos lugares sagrados, los conquistadores construyeron templos e implantaron como ya se dijo, nuevos dioses, los cuales más extraños en aquella cultura.Por otra parte la gente del mismo pueblo ya convertida en una pieza del andamiaje de los terratenientes, explotaban a sus propios hermanos.
Por otra parte hombres y mujeres desempeñan cargos muy importantes en las áreas de servicio en la sociedad y la cultura, pero estos casos emblemáticos porque la mayoría de indígenas analfabéticos no tienen un lugar en la sociedad y viven la pobreza.
Y en esta época afecto la aldea la fiebre tifoidea que acabo muchas vidas en ese lugar y la aldea estaba en ruinas, aterrorizados. Meses después volvió la calma a la aldea.
CAPÍTULO IX y X
Que como iba ella a olvidar ese viernes en que se iba a ver con Emilio tal y como habían quedado cuando el ya de antemano le había dicho que esta vez que se encontraran no estaría dispuesto a retirarse sin un beso de su boca, ya que Luciano seguía visitándola mas seguido haciendo sentir su presencia y acaparando totalmente todo el pensamiento de María , ya que María ya nerviosa al pensar como serian sus reacciones al ver y estar junto a Emilio, y al llegar el atardecer María esperaba a Emilio tal como habían quedado y llegando la noche María se dio cuenta que por algún motivo Emilio no llegaría y quien apareció en ese momento fue Luciano lo cual molesto a María hasta que vio su rostro según ella desfigurada como pidiéndole auxilio de inmediato llego a pensar que algo grave le había pasado.
María del susto de haber visto a Luciano de esa manera se le olvido preguntarle el porqué estaba así, María le preparo una taza de azahar de naranja, pero cuando le alcanzo la taza la mano de Luciano rozo la mano de María ella sintió un escalofrío por su espalda acompañado por una sensación de laxitud y placer desconocido en ese momento ocurrió algo confuso lo cual el aprovecho para besar a María, ella avergonzada y confusa deseando que la tierra se la tragara y a la vez rabiosa con Emilio por haberla dejado plantada.
Después de eso Luciano llegaba a María con más confianza y diciéndole que había soñado acariciando a María y por lo cual no había dormido bien, María tratándolo de usted para mantener una distancia le reclamaba por haber Luciano asustado a su caballo y por haberse asomado a la ventana de María, Luciano aceptando que si él había sido quien había hecho eso le dijo a María: Que si y desde ese día no podía dejar de pensar en ella y que había sentido un repiqueteo en el corazón.
Por la forma de los gestos con que María revivió aquellos recuerdos, supuse que le eran muy desagradables ´porque de no haber sido así no se hubiese preguntado con asombro que había causado esa pasión tan ciega que tuvo con aquel hombre.
Una tarde, cuando descansaban con Luciano en un soga de madera de la salita, el sol ya estaba ocultándose, ella en un momento sintió una especie de miedo y pesadez, a tiempo Luciano deslizo una de sus manos sobre su vientre lo que hizo que su miedo se fuera volviendo chiquito y un calor acariciante la envolviera; Luciano aprovechando el momento que parecía mágico le dijo:
Mira María, yo digo que lo que estamos haciendo es mejo hacerlo con la ley y la bendición de nuestras madres, quien quita y estemos ofendiendo a nuestros difuntos por andar de clandestinos, si nos casáramos sería mejor más ahora que vamos a tener un hijo.
Ya al haber ocurrido todo esto con Luciano y de haber tenido problemas con al revivir a su madre llego un día al pie de una ceiba, a María la esperaban sus alumnas: celebrando que ya manejaban bien las puntadas y los estilos, por lo que esa tarde se dedicaron a perfeccionar lo ya aprendido.
Llegando María a casa; Valeriana la esperaba con la cena caliente María solo mencione que estaba contenta y relato lo que habían realizado con sus alumnas, Valeriana con un tono insinuante como para que María se fuese a descansar le dijo: que se miraba muy cansada y con ojeras, en ese momento Luciano iba llegando. Al verlo, María pensó de inmediato en el vínculo legal que la unía a ese hombre que ya se demostraba testarudo, ella solo mostro una sonrisa aunque no era lo que su corazón sentía.
A los tres meses de casados, una noche de julio nació su primera hija, Linita; siendo este un acontecimiento de gran alivio y alegría para María y todos los demás, Luciano también demostraba felicidad al contemplar a su primogénita; no se cansaba de mirarla y desde el primer momento repitió: es igualita a su padre; los ojos y el pelo chimeco igual al mío, la gente lo confirmaba, al poco tiempo, para librar a la niña de cualquier mal, según sus palabras, decidió que la niña se bautizara y así se hizo.
Respecto a lo mal hablado del hombre, en este tramo del relato, no dejaba de pensar las palabras groseras que cada madrugada escuchaba de él.
Poco a poco estando acostumbrada a escuchar lo mal hablado que como dicen este hombre ya había sacado las uñas, mientras pensaba de quien había sacado ese lenguaje pues la conducta de su madre no llegaba a tanto ni se sabía que los hombres de esa región hablaran así; y ya que todo se sabe, como conclusión supuso que fue de su padre de quien recibió estas enseñanzas; se rumoró en el pasado algo del temple de ese hombre, si verdad o mentira, se dijo que por su lengua se volvió jorobado un hermano de Luciano cuando siendo dicho individuo la primera autoridad en el pueblo, ordenó le llevaran a un fulano aunque fuera de la joroba; mas tarde, su propio hijo de escasos meses cayó de una ventana y creció jorobado.
CAPÍTULO XI
La vida de la gente fue pasando a la montaña mientras yo iba sintiéndome sola y tal vez por no seguirme mortificando ya no me preguntaban cómo me sentía.
Aquel día que inesperadamente baje al pueblo y si no es porque alguien dio aviso de mi llegada los hubiera encontrado infraganti en nuestra propio cuarto donde todas las evidencias confirmaban la traición. ¿Y qué hiciste ante la traición comprobada en tu propia casa? –Le pregunte
-Yo me sentía muy ofendida, atrapada en mi propia desesperación, pero en un momento reflexione que no valía tanto la pena entregarme a situaciones tan degradantes y me volvió la fortaleza. ¿Qué paso después con la huida de Luciano y su amiga. – Como a los tres días apareció aquí como si nada a llevarnos las provisiones; fue verme y acercárseme , -después de tiempo de no hacerlo-, a preguntarme como habíamos estado. Su cinismo me obligo a no contestarle pero le busque la cara y lo mire fijamente con la fuerza que me dio la ofensa que traía adentro y pensando que mi merada penetrara hasta donde su traición de asentaba; pensé que sería por ver la palidez de la cara que ahora tenía enfrente o a lo mejor por la ira que le causo mi atrevimiento de desafiarlo con la mirada y o darle importancia a sus palabras; conforme me miraba se le iba descomponiendo la cara ante lo que ya no pudo pronunciar ni una palabra y prefirió salirse. Yo seguía erguida sin bajar la mirada, porque ya había optado por el silencio u el desprecio, no fijarme en nada de el siempre y cuando no abarcara a mi hija. Ese día murió lo poquito de bueno, que le guardaba. Así fue como empecé desde entonces a mirar a aquel hombre que después de regresar de su trabajo se la pasaba tumbado en su butaca, cuando de repente recapacita en su pasado, en las noches y me susurra que yo he sido lo más querido en su vida, yo solo le oigo, ya no respondo a sus palabras y me he vuelto para el como una maquina sin alma y solo pienso y me pregunto qué es lo que finalmente me une a este hombre que en momentos me deja sin razonamiento, en medio de todo esos desacuerdos, odios y perturbaciones, ya ves que vino esta otra niña señalando la hamaquita donde dormía el diminuto cuerpo. Ella ya venía en camino cuando estas cosas sucedieron y si después viniera otra u otras seria producto de actos mecánicos. Quien me iba a decir que aquel misterioso hombre que llamo mi atención en el primer baile, iba a convertirse en mi verdugo, -Afortunadamente la gente de esta aldea, con su generosidad, me ha ayudado a vivir; la paz de este lugar alivio mis preocupaciones. Pues desde el primer día que divise esta arboleda y el caserío, mi corazón se sintió más tranquilo. A partir de aquella velada, me sentí mucho más cerca de ella. Acordarme hoy de aquella velada con María, me lleva a preguntarme por qué de temas tan importantes como la segunda guerra mundial y la masacre de millones de seres humanos que esto significo, el papel jugado por cada nación, máxime por el imperio norteamericano, cuando que este, como lo ha demostrado, siempre pone por delante, a nivel planetario sus propias intereses que en ningún caso sacrifica por el bien de la humanidad después de la mencionada conflagración de hizo más evidente su intervencionismo sobre los países de muestra América con efectos desastrosos para mantenerlos siempre subyugados, sin empezar de un desarrollo sustentable. A Huista aquel terrible conflicto planetario, los agarro dormidos, mientras los vencedores, principalmente Estados Unidos y Rusia se repartían el mundo, el botín de los cerebros en nombre de la humanidad. Solo el tiempo cargado de retos, los comenzó a sacar de su letargo, fueron primero los discípulos de María quienes despertaron a los adultos con nuevas ideas hasta lograr que algunos mandaran a sus hijos a estudiar a San Antonia y después a la capital.
CAPÍTULO XII
Aquella mañana de julio en Huista un aire fresco con aroma de diamelas, recuerdo la casa de María estaba embullada por dos acontecimientos propuestos por la madre de Luciano, iría a bendecirla el sacerdote y seria el bautizo de Dulce que era el nombre que llevaba la pequeña. De vivos colores eran los cordeles de papel de china picado que adornaban la casa; en el corredor se había colocado una mesa larga sobre la cual lucía un precioso mantel blanco que María en sus buenos tiempos había bordado con ramos de frutas en sus tonos naturales. María con la niña en brazos vestida de organdí azul cielo: ella llevaba vestido de algodón floreado, Linita de la mano a su lado los futuros padrinos de Dulce en gras platica. En ese momento la niña paso a los brazos de su padrino y todos rodearon la pila bautismal. El sacerdote dado el apremio de tantas demandas, fue derecho al grano, después de los saludos, empezó a mojar la cabeza de la niña con el agua bendita; introdujo un granito de sal en su boca, mencionando las palabras del rito sacramental a la vez que pronunciaba en voz alta el nombre de Dulce Marina, al oír el segundo nombre, María palideció y su cuerpo comenzó a temblar, yo estaba cerca de ella, al verla y sentir la presión de su mano sentí también una sensación de malestar que aumento cuando vi que ella espero una mirada furibunda e interrogadora a Luciano y sus labios parecían comenzar a moverse. A partir de ese momento la niña mientras viviera llevaría ese segundo nombre, si por remordimiento, culpa o solo por martirizar a María, en todo caso como una ofrenda publica de Luciano a su difunta primera mujer. María le quito la niña de los brazos al padrino dándome una señal para que tomara l Linita de la mano y la siguiera, nos echamos a caminar hacia la casa. María solo abrió la boca para decirme – Ya viste como andan las cosas, que puedo esperar de hoy en adelante, si no es una cosa es otra, pero eso si rebaso los limites, pero yo veré como me las arreglo para que a mi hija no la llamen por ese nombre. María caminaba, con la niña pegada a su pecho cono temiendo que brazos extraños fueran a arrebatársela, ni el paso del tiempo haría que María olvidara semejante agravio. Los Herrera con todo y marimba al vernos entrar de inmediato se nos unieron. –Se enojo fue lo primero que me adelante a decirles- -¿Porque, y quien la enojo?- preguntaron
Quien ha de ser si no ese hijo de su madre de Luciano. Que no la merece, contesto el padre que conocía a fondo como marchaba aquel matrimonio, mientras pasaba paternalmente una mano sobre la cabeza de María. Linita señalando al sacerdote pregunto. ¿Y por qué mojo el mi cuarto y mi cocina, por el calor? ¿Para que no nos piquen los alacranes y las casampulgas? – Si hijita, para que la casa este limpia y fresca y no entren alacranes y casampulgas, le contesto amorosa María; Linita se le quedo viendo largamente, como queriendo adivinar si se estaba disipando ya la tristeza de su mama; no habiendo olvidado ya hacha mujer, muchos años después, la aria pronunciar: - Yo aunque era muy chiquita, me acuerdo que el día del bautizo de Dulce, mamaíta estuvo sufriendo mucho. Desde la tarde de mi llegada a la aldea, los días habían transcurrido sin los pesares que me figure cuando mi madre partió y ahora acumulaban en el calendario, casi un año, año de tan variadas experiencias que jama siria a olvidar.
CAPÍTULO XIII
Una madrugada por fin partimos de la Aldea, no había otra alternativa. En el momento de despedirse de María, mi madre demostró gran fortaleza, la bendijo para que según sus palabras su soledad fuera más llevadera, María por su parte irguió la cabeza para decirnos. –Tratare de ser fuerte por mis hijas sé que ellas me necesitan, son muy chiquitas y no hay como la madre; me mantendré en contacto con ustedes-. María en un abrazo intenso me agradeció por las veladas y las aventuras que juntas habíamos pasado; deseo lo mejor en tus nuevos estudios, yo sé que lo vas a hacer muy bien estas hecha de buena madera.
En el amanecer de un día brumoso de principios de año, sin dejar de pensar en la familia que se quedaba y en María, con el corazón jadeante de ansiedad, salí por fin a mi destino acompañada únicamente del mozo que cargaba mi maleta. Llegue muy cansada a un paradero que mi memoria vislumbra hoy como una gran galera de teja y paredes de paja y caña que parecía una luna de kerosén brillando en la oscuridad de la densa neblina. En ese lugar a tres mil o más metros sobre el nivel del mar, uno de los puntos más altos del noroeste del país, de la cordillera de Los Cuchumatanes, un matrimonio de luchadores por la sobrevivencia, había dado vida a un campamento para camineros, camionetas de línea; allí era posible encontrar hospedaje y todo tipo de alimentos bajo ese techo esa noche confié en ese matrimonio para darle descanso a mi cuerpo, y tomar al siguiente día muy temprano el transporte que me llevaría a la ciudad de Huehuetenango y de allí a la ciudad Altense destino final de mis estudios en aquella etapa . La camioneta corría velozmente sin tomar en cuenta que aquel camino era más de herradura que para vehículos. De tan alucinada que me sentía, el tiempo se contrajo en mi conciencia y en menos de lo imaginado el vehículo estaba ya en el mirador que se denomina Juan Diéguez Olavarría (en homenaje a dicho poeta) que inmortalizo con hondura la majestad y belleza de los montes Cuchumatanes. A media mañana entre a Huehuetenango y casi de inmediato transborde el vehículo que me llevaría a mi destino la ciudad Átense o Xelaju. Ya en aquella ciudad inmediatamente fui en busca del primo de mi padre con quien di en una calle no muy alejada del centro, inmediatamente me presente y entregue la nota que le había enviado mi madre, el de inmediato clavo la mirada en mi equipaje colocado en la entrada de su casa; de una ojeada leyó la misma y me miró fijamente: -Me alegra conocer a una hija de Fausto, tienes aires de él, hare lo que esté a mi alcance por ayudarte, iremos pronto a los institutos para que no tengas que regresarte como viniste, me dijo sin quitar los ojos de encima de mis pertenencias. – Yo no tendré como agradecerle pues no quiero regresarme sin estudiar- -Vamos el tiempo apremia-. Empecé a darme cuenta que el enigmático tío tocaba los picaportes con pañuelo limpísimo, imagine entonces su terror de ser contaminado por mis cosas. Finalmente acudimos al hoy más que centenario instituto que dirigía la Pedagoga humanista, por donde a mi juicio debimos haber comenzado; aquella dama elegante nos recibió en su despacho con deferencia. al cabo de un rato de dialogo, había ido blanqueando la sensibilidad de la pedagoga. – Le creo a tu tío que es la seriedad andando, y a ti te veo buena cara, aquí vienes a lo que vienes chiquita- termino diciéndome. Conforme pasaron los días fueron llegando el grueso de internas de todos los departamentos. Por fin empezaron las labores en el instituto, con gran alegría para mi más al verme sentada en una de las aulas como lo había soñado, Con las muchachas de mi región quedamos en la misma aula; casi todas las de la ciudad se agruparon de inmediato en un bloque granítico. La primera clase era la de Historia Universal que consistía en memorizar a diario muchas páginas de un texto, para repetirlas sin titubear a las 7 de la mañana, La misma profesora impartía Geografía Universal y e3n ello ponía todo su empeño. Me deleitaba aquel relativo encierro y me conformaba con las salidas que organizaba el instituto, Pensaba con felicidad en la llegada de las vacaciones en aquellos pueblos idílicos.
CAPÍTULO XIV
Aquel día de principios de octubre, más fríos y brumosos que de costumbre, había amanecido muy deprimida por la carta enviada por María.
María tenía una excelente caligrafía y me sorprendió mucho lo dislocado de las líneas y más por el contenido, parecía retraso de pensamientos, unos salidos de la realidad y otros del delirio: ya que en esta describía un sueño donde se vio tendida en la cama con cuatro candelas alrededor tan gruesas y altas que la llama relamía el tapanco a punto de incendiar todo lo que se encontraba alrededor y María sin poder hablar con el cuerpo inmóvil y el silencio era aterrador adentro y fuera de la habitación de María es algo no cotidiano ya que se escuchan constantemente los movimientos de los trastes en la cocina por parte de Valeriana, estaba realmente aterrada parecía que estaba presenciando su propia muerte, hasta que apareció Linita quien ingreso carcajeándose a la habitación y reaccione, pero eso no es todo al otro día en la entrada de la Aldea Me quede muda sin aliento al ver una BOA atravesando una vivienda que conforme iba avanzando el animal la humilde morada se iba derrumbando, los perros aullaban y aullaban los ancianos con lágrimas en los ojos dominados por una sensación sagrada de respeto seguros de que no era más que el Nawal de la Aldea del que sus padres tanto les habían hablado, pedían dejarlo ir sano pero los jóvenes afiliaban sus estacas y armas para darle muerte los ancianos les hablaban pero los jóvenes la mayoría hombres que acaban de regresar del ejercito que habían sido reclutados al famoso cupo a la fuerza y regresaron irreconocibles ya que eran abusivos y patanes y no obedecían a sus padres , parecían demonios desnudos con mascaras como las de los moros los jóvenes siguieron hasta consumar el hecho ya que consideraron que si dejaban que se fuera iba a destruir todas las casas del pueblo.
Todo ese día estuve buscando la soledad ya que estaba triste por lo que le paso a María cuando de repente se acercó a mi la directora y me pregunto ¿ te entregaron las cartas criatura, alguna mala noticia? No todo sin novedad respondí, acompáñame dijo; caminamos hasta su oficina donde me dijo: que estaba muy contenta con mi rendimiento y que miraba que no estaba desaprovechando el tiempo por lo que como premio a partir de hoy ya no pagaras nada en tu estadía en el Instituto. Sentí un enorme alivió venia a bien a mi enorme preocupación, mientras ella me decía te lo mereces criatura.
Una tarde un fin de semana cuando divise a mi abuela de inmediato me recordé de los momentos de que aviamos vivido, los temores y los sustos que nos ocasionaban los hermanos de mi padre, en un ambiente de tensiones de intrigas de distinciones y descalificaciones de donde demostraba el lado seco y obscuro de la vida, todo esto fue acumulándose hasta ya no poder soportar más dándose la separación definitiva de ellos y nosotros, llevándonos a nuestra madre prometiendo no volverlos un nunca; se trataba de liberar a mi madre de aquella opresión que la degradaba y en el que despojaba de todo lo que mi padre había dejado, dinero y bienes, aunque pequeños tenía un valor incalculable.
Se acerco a mi y me dijo abrazándome y sollozando hace un año que perdí a mi Angélica y vos te pareces tanto a mi, perdóname abuela le dije nosotros no lo sabíamos, ella tenía el hígado desecho por la viruela de lo también murió tu padre , a Angélica la convenció una amiga de que se fuera a la Capital a operarse para recuperarse de el hígado operándola pero la amiga solo me regreso el cadáver la muy desgraciada todavía viviera mi hija aunque sea comiendo solo avena pero estuviera viva; pero no me acostumbro a su ausencia y hasta pienso que un día de tantos entrará por la puerta.
Bueno a lo que vine dijo con un tono fuerte mande a tina a averiguar si tu estabas estudiando aquí siendo ustedes tan pobres, pero la noticia que llevo me alegró mucho y ella mas tal vez porque te chineo, mi abuela me ofreció techo y alimento para lo que restaba de mis estudios y además le servía de compañía, donde comen dos comen tres chiquita, pero para lo que voz necesites la casa da el ancho y esto lo hago por tu padre que desde el cielo me lo estará agradeciendo.
Los meses que faltaban de aquel primer año se fueron velozmente por las múltiples tareas que me tocó realizar, el estudio intensivo y exámenes, después, la dichosa partida de regreso a Huehuetenango y al pueblo de donde había salido hacía 10 meses, dentro del retorno lo más maravilloso vivido para el recuerdo fue el encuentro con mi madre en el campamento a donde ella me había prometido llegar a esperarme, allí la divise de lejos aquella mañana ya que la llevaba grabada en la mente.
Al verme me dijo hija querida, gracias al creador que viniste sin novedad, vamos a tenernos que irnos a pie, traigo solo al mozo que llevará tus cosas, me dijo abrazándome con ternura que acostumbraba. Te veo un poco más delgada, pero más desarrollada y despierta, el pelo te brilla y tu cara se te ve más limpia, decía mientras acariciaba mi cabeza.
Es porque estoy muy ilusionada con el estudio y madrugo cada día a bañarme con agua fría, las clases comienzan a las siete de la mañana, además el desayuno y la alimentación es buena y puntual; lo único que enturbia mi vida es pensar en la salud de María tan desmandada en mis sueños ya no la doy por viva sino por muerta.
Ya cayendo la tarde llegamos a San Rafael, bajo la obscura niebla e intenso frío y el fuego de la emoción es desbordante por ver a Ángela, quien nos esperaba, era grandioso para mí volverla a ver luego de 10 meses y contemplar aquellos parajes. Una melodía de marimba tocada por dedos indios rompía en la hondonada los crespones del silencio. Ya subiendo para llegar a la explanada de la escuela divisamos a Ángela quien miraba hacia el camino, vestía suéter rojo de cuello alto y falda azul de lana que resaltaba su belleza joven de no más de 21 años, fue vernos, acercarse y correr a abrazarme, llevándome así a la habitación preparada para recibirme, de allí al centro de una mesa de madera, forrada de un mantel de los telares de Huehuetenango, lucía un hermoso ramo de rosas blancas, margaritas y clavelinas.
Yo estaba verdaderamente emocionada y casi sin palabras para materializar la dicha que me llenaba, rodeada de las cosas los seres que amaba, con los pies asentados sobre el piso de tabla de la habitación, para atenuar los rigones de aquel clima frío, había calentado con bracero de encino, y aunque parecía tétrico este lugar yo estaba ebria de alegría y hambrienta de todo, desde esos pueblos cerrados de neblina hasta los asados de carnero, las tortas de huevo acompañadas de frijol y chilmoles de tomate colorado que mucho se acostumbra por allí.
Pasadas las vacaciones volví al instituto y esta vez a casa de mi abuela como le había prometido; en esta ocasión mi madre me acompaño al campamento donde debía tomar el vehículo que me llevaría de nuevo a la ciudad Altense, el trayecto de ida se vio oscurecido por la noticia más dolorosa, que no esperábamos se diera tan repentinamente, cuando fuimos alcanzada por un mozo que llevaba un fatídico telegrama de Luciano avisando a mi madre que María se había puesto grave ; los días recientes de ajetreo tan intenso había nublado y desatendido un poco aquella realidad y ahora venía esta noticia por más lamentablemente. Como es de imaginarse, mi madre volvió de inmediato al lado de Ángela para tomar decisiones.
El resto de aquel viaje ya una vez en casa de abuela, viví con la dolorosa incertidumbre de verdadero estado de mi hermana que no fue revelado días más tarde. Mi madre quien quiso salir de inmediato ese mismo día del aviso para reunirse con la hija amada, no pudo; pensaría tal vez que el estado de la enferma le daría tiempo, pero todo cambio cuando al día siguiente un segundo telegrama avisó del fallecimiento de María y que ya había sido sepultada; entonces pospuso su viaje para cuando Ángela pudiera acompañarla en tan penosa visita a la familia.
CAPITULO XV y XVI
Aquel año 48 seria de triste memoria y fatídico para los Huista, la mayoría de la gente abandonada de todos los servicios básicos de subsistencia y a merced de una pobre alimentación, por lo mismo proclive a todo tipo de enfermedades curables, se vio atracada por un tifus fulminante que en semejantes condiciones, en cosa de días cerro varias casa, comenzó por el extremo sur del pueblo como una redada, caía a todas la edades, la velocidad caminaba veloz por el mismo lado de la casa de María ante el asombro y anonada miento de aquellos habitantes indefensos.
Era enero y la noche estaba ya avanzada, en la casa de María alumbraba una débil luz, ella no había logrado conciliar el sueño, el avance casi al límite de su embarazo y el deterioro de su situación emocional agudizado por la mortandad que ocurría, había hecho crisis en su debilitado organismo. En un momento como en los últimos tiempos no habían ocurrido, le pidió a Luciano que se acostara a su lado a lo que éste muy sorprendido accedió rápido.
Luciano se acerca a María quien le dijo que le disculpara por la vida que habían llevado juntos debido a la frialdad de ella hacia el pero todo se ha dado por el maltrato de Luciano hacia María y ella correspondió colocándole un pared emocional y fría entre los dos y a la vez entre su sufrimiento que se daba cuenta que no podría resistir todo el proceso del parto debido a la debilidad que manifestaba física como emocionalmente.
Luciano en ese momento, vio que las palabras pronunciadas trabajosamente por María sonaban como una despedida y que ya no tenían el tono habitual de su habla, que algo estaba pasando y entonces empezó a sentir un dolor inmenso y por toda respuesta, en un acto de arrebato apasionado como hacía tiempo no sentía con tal intensidad, doblo la cabeza sobre el hombro izquierdo de ella llenándolo de besos y mojando con lágrimas que venían de tristeza antes no sentida; le acariciaba atormentado el vientre y le besaba la frente para que ella se convenciera que la amaba como el primer día y fue en ese instante que el vientre entro en movimientos y dolores propios de un alumbramiento mientras que su rostro adquiriría una mueca de desesperación, de inmediato fue atendida como debe serlo un parto, para lo que Luciano ya había preparado lo necesario, pero María no pudo resistir el parto se alivió y luego se durmió Luciano pensando que estaba descansando María se duerme y al despertar ya no respiraba y falleció.
Una vez viudo Luciano al poco tiempo, llevó a su amante a la casa que había habitado con María, la mujer se sintió satisfecha, sin remordimiento y feliz al ver libre al hombre por quien tantas maldades habían cometido y contribuido con esto a acelerar la muerte de María; pronto se dio cuenta la obligación y el trabajo de aquella morada y desistió, retirándose a sus dominios con el acuerdo de verlo a él dentro de la rutina que ambos habían establecido, lo que así sucedió durante los largos años que sobrevivió a los acontecimientos narrados.
A los cinco años Luciano se casó por las dos leyes con una adolecente que a la que le doblaba la edad (36) sobrina de línea directa de la amante, una vez consumado el hecho, la muchacha desde el primer día planto desafiante sus derechos para frenar todo intento de vociferación y amenazas de muerte en contra de ella, por parte de la celosa tía quien no dejaba de afamarse en la calle de haber dado muerte a las dos esposas anteriores de Luciano como diciendo que lo haría con la tercera, pero en este caso la puntería le fallo ya que la nueva esposa de Luciano salió respondona y dentro de su tinaja cuando salía al pueblo o al algún lado la acompañaba dentro de la tinaja un cuchillo bien afilado para contra restar cualquier ataque que le quisiera realizar la ex amante de Luciano , esto causo que la amante y tía tomar las precauciones y se retirada de amenazar a la esposa de Luciano, luego conforme fueron pasando los años a la esposa de Luciano se sentía celosa de las hijas de María debido que la hija mas pequeña dormía al lado de Luciano desde el momento del fallecimiento de su madre y hasta el momento Luciano cumplía la promesa de Luciano que constaba en cuidar y velar por sus hijas hasta el último día de su muerte pero la esposa se ayudo con técnicas donde influyen fuerzas obscuras que coloco sobre Luciano para que el la quisiera mas a ella que a sus propias hijas realizándolo tiempo después donde Luciano dejándose influenciar por su esposa comenzó a darle mala vida a sus hijas rompiendo la promesa que le hizo a María
Ya graduada de maestra normalista llegué a ejercer un año a San Antonio, a dos leguas de Huista y fue solo entonces que hizo realidad el sueño de Linita nos acompañara mientras cursaba 5to grado de primaria, aunque celoso padre la recogía puntual los fines de semana; a Dulce la veíamos con cierta frecuencia.
En mi memoria aquel tiempo refulge como uno de los más hermosos vividos, no sólo por la compañía de la niña que tan felices nos hacía, principalmente a mi madre y a mi sino por compartir el aula con Ángela, también maestra en la misma escuela, por el proceso de aprendizaje con los alumnos que fluía maravilloso, junto a esto el afecto compartido con maestros que también ejercían docencia en aquellas escuelas, era un disfrute cuyos registros quedarían en mi memoria con destellos de lo inefable e imperecedero; ello eran oriundos del lugar, egresados de institutos de vanguardia de la capital y el occidente de la república, con quienes ambas compartíamos los sucesos escolares cotidianos y los goce nutricios propios de la juventud; así también disfrutamos, desde el primer día de la solidaridad y la amistad de los habitantes de todas las edades de aquel hermoso pueblo de clima tropical muy agradable
CAPÍTULO XIV
Que como iba ella a olvidar ese viernes en que se iba a ver con Emilio tal y como habían quedado cuando el ya de antemano le había dicho que esta vez que se encontraran no estaría dispuesto a retirarse sin un beso de su boca, ya que Luciano seguía visitándola mas seguido haciendo sentir su presencia y acaparando totalmente todo el pensamiento de María , ya que María ya nerviosa al pensar como serian sus reacciones al ver y estar junto a Emilio, y al llegar el atardecer María esperaba a Emilio tal como habían quedado y llegando la noche María se dio cuenta que por algún motivo Emilio no llegaría y quien apareció en ese momento fue Luciano lo cual molesto a María hasta que vio su rostro según ella desfigurada como pidiéndole auxilio de inmediato llego a pensar que algo grave le había pasado.
María del susto de haber visto a Luciano de esa manera se le olvido preguntarle el porqué estaba así, María le preparo una taza de azahar de naranja, pero cuando le alcanzo la taza la mano de Luciano rozo la mano de María ella sintió un escalofrío por su espalda acompañado por una sensación de laxitud y placer desconocido en ese momento ocurrió algo confuso lo cual el aprovecho para besar a María, ella avergonzada y confusa deseando que la tierra se la tragara y a la vez rabiosa con Emilio por haberla dejado plantada.
Después de eso Luciano llegaba a María con más confianza y diciéndole que había soñado acariciando a María y por lo cual no había dormido bien, María tratándolo de usted para mantener una distancia le reclamaba por haber Luciano asustado a su caballo y por haberse asomado a la ventana de María, Luciano aceptando que si él había sido quien había hecho eso le dijo a María: Que si y desde ese día no podía dejar de pensar en ella y que había sentido un repiqueteo en el corazón.
Por la forma de los gestos con que María revivió aquellos recuerdos, supuse que le eran muy desagradables ´porque de no haber sido así no se hubiese preguntado con asombro que había causado esa pasión tan ciega que tuvo con aquel hombre.
Una tarde, cuando descansaban con Luciano en un soga de madera de la salita, el sol ya estaba ocultándose, ella en un momento sintió una especie de miedo y pesadez, a tiempo Luciano deslizo una de sus manos sobre su vientre lo que hizo que su miedo se fuera volviendo chiquito y un calor acariciante la envolviera; Luciano aprovechando el momento que parecía mágico le dijo:
Mira María, yo digo que lo que estamos haciendo es mejo hacerlo con la ley y la bendición de nuestras madres, quien quita y estemos ofendiendo a nuestros difuntos por andar de clandestinos, si nos casáramos sería mejor más ahora que vamos a tener un hijo.
Ya al haber ocurrido todo esto con Luciano y de haber tenido problemas con al revivir a su madre llego un día al pie de una ceiba, a María la esperaban sus alumnas: celebrando que ya manejaban bien las puntadas y los estilos, por lo que esa tarde se dedicaron a perfeccionar lo ya aprendido.
Llegando María a casa; Valeriana la esperaba con la cena caliente María solo mencione que estaba contenta y relato lo que habían realizado con sus alumnas, Valeriana con un tono insinuante como para que María se fuese a descansar le dijo: que se miraba muy cansada y con ojeras, en ese momento Luciano iba llegando. Al verlo, María pensó de inmediato en el vínculo legal que la unía a ese hombre que ya se demostraba testarudo, ella solo mostro una sonrisa aunque no era lo que su corazón sentía.
A los tres meses de casados, una noche de julio nació su primera hija, Linita; siendo este un acontecimiento de gran alivio y alegría para María y todos los demás, Luciano también demostraba felicidad al contemplar a su primogénita; no se cansaba de mirarla y desde el primer momento repitió: es igualita a su padre; los ojos y el pelo chimeco igual al mío, la gente lo confirmaba, al poco tiempo, para librar a la niña de cualquier mal, según sus palabras, decidió que la niña se bautizara y así se hizo.
Respecto a lo mal hablado del hombre, en este tramo del relato, no dejaba de pensar las palabras groseras que cada madrugada escuchaba de él.
Poco a poco estando acostumbrada a escuchar lo mal hablado que como dicen este hombre ya había sacado las uñas, mientras pensaba de quien había sacado ese lenguaje pues la conducta de su madre no llegaba a tanto ni se sabía que los hombres de esa región hablaran así; y ya que todo se sabe, como conclusión supuso que fue de su padre de quien recibió estas enseñanzas; se rumoró en el pasado algo del temple de ese hombre, si verdad o mentira, se dijo que por su lengua se volvió jorobado un hermano de Luciano cuando siendo dicho individuo la primera autoridad en el pueblo, ordenó le llevaran a un fulano aunque fuera de la joroba; mas tarde, su propio hijo de escasos meses cayó de una ventana y creció jorobado.
Finalmente, el amor a la educación es lo primordial en la vida de un maestro o maestra.
En el desprendimiento de palabras que se van leyendo en cada párrafo se da a conocer lo que actualmente sigue viviendo una maestra rural y que no importando los obstáculos siempre esta presente, sin dejar a un lado el amor a la educación.
En todo momento la familia siempre esta allí, dando fuerza y valor para continuar con metas que muchas veces se quedan en el camino por grandes piedras como: la tristeza, el maltrato de seres queridos, la incomprensión, el desamor, la traición y la falta de apoyo de muchos.
También brinda información de lo bello que es el lugar donde vivimos, Huehuetenango, que su gente no importando la tristeza de la pobreza, en rincones lejanos de nosotros, siempre siguen en pie dándole duro al camino de la vida. Pero su cultura siempre esta allí sin dejar a un lado sus costumbres y tradiciones como pueblo que es. Y que debemos seguir así, unidos.
Lucinda Rivas, dio a conocer lo que una maestra rural da, para brindar, la enseñanza a niños y niñas que lo necesitan, y el gran apoyo que son para el camino de la educación en el área rural.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)